“KOIMETERION”, un artículo de José Ramón Amor Pan en La Voz de Galicia

27-10-2016

Conviene tener claro que el documento publicado el martes por la Santa Sede acerca de la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación solo afecta a los católicos. Ni más, pero tampoco menos. Todas las culturas y todas las religiones tienen sus ritos fúnebres, también el cristianismo. Por tanto, es en el ámbito de la teología católica en donde este texto encuentra su sentido, su hermenéutica. El título no podía ser más expresivo de ese contexto: Para resucitar con Cristo. Y por eso, para acentuar dicho carácter, aunque fue aprobado hace meses, se publica ahora, cuando los católicos estamos a las puertas de dos de las grandes celebraciones de nuestra fe, la festividad de todos los santos y la de los fieles difuntos. La Iglesia celebra en ambas que todos estamos llamados a la santidad y a la vida eterna.

Resulta sorprendente, en segundo lugar, que rápidamente este documento haya sido tachado de retrógrado, cuando deberíamos afirmar lo contrario. Aun cuando la cremación fue aceptada para los católicos en fecha tan lejana como el año 1963, en no pocas partes continuaba teniendo mala prensa y se le ponían obstáculos, tildada de práctica poco católica. La Santa Sede reafirma ahora que la cremación es una práctica tan católica como la sepultura, aun cuando en sintonía con una tradición que viene ya de los primeros tiempos del cristianismo siga manifestando su predilección por esta última. O sea, lo cortés no quita lo valiente. Yo mismo tuve que soportar más de una suspicacia y de una crítica cuando hace 12 años murió mi padre y, siguiendo su voluntad, incineré sus restos mortales.

En tercer lugar, el Vaticano quiere poner coto a ciertas prácticas hollywoodianas (hacer un diamante artificial con las cenizas, por ejemplo), nada congruentes con la fe cristiana; y resolver al mismo tiempo una cuestión práctica: qué hacer con las cenizas de nuestros seres queridos. La regla general será su conservación en un lugar sagrado, que es lo más coherente con nuestra tradición religiosa. A tal fin habrán de arbitrarse los medios oportunos, como el columbario que ya se incorpora, por ejemplo, en el nuevo complejo parroquial que se está construyendo en Milladoiro, cerca de Santiago de Compostela. Hasta ahora apenas existen sitios similares, por lo que las familias debían custodiarlas en casa. Pero esa regla no es absoluta, admite excepciones que habrán de ser dilucidadas localmente con sentido pastoral, sin mayor problema. O sea, Francisco en estado puro.

José Ramón Amor Pan. Doctor en Teología moral y experto en bioéticanueva norma de la iglesia.

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