El presidente de la Conferencia Episcopal de Francia no comprende por qué las mujeres no tienen derecho a voto dentro de la Iglesia. Concretamente, durante las recientes asambleas sinodales celebradas en Roma, en las que no se les permitió votar.

Y es que para el prelado, “no hay nada que impida a las mujeres desempeñar muchas funciones más importantes en el funcionamiento de la institución”. De hecho, en la entrevista no se muestra contrario a propuestas como el diaconado femenino, sino que apoya la idea de una organización de la Iglesia “más descentralizada y más fraterna”.

“La Santa Sede puede ser, algún día, dirigida por un Papa rodeado de un colegio cardenalicio en el que haya mujeres”, ha apuntado. Sin embargo, de Moulins-Beaufort matiza que “si no hemos tratado previamente la forma en que hombres y mujeres deben trabajar juntos en las estructuras de la Iglesia, constituidas como fraternidades, eso será inútil”.

Según el obispo, “en una forma sinodal completa la voz de las mujeres debería escucharse más, especialmente porque la sucesión apostólica está reservada para los hombres”. Por este motivo, de Moulins-Beaufort no acaba de comprender por qué las mujeres que estaban presentes en Roma durante los sínodos no podían votar. “Si se dice que solo votan los obispos, esto parecería lógico. Pero desde el momento en que votan los sacerdotes y religiosos, no entiendo por qué no votan las mujeres religiosas. Me deja completamente sin palabras”.

En cuanto al gobierno de la Iglesia, el arzobispo de Reims ha señalado que “no se puede actuar como si los laicos fueran menores de edad que deben ser tomados de la mano. Este es el modelo según el cual la Iglesia ha trabajado en el pasado”. “Esto ya no es posible”, continua, remarcando que la sociedad actual en una sociedad tiene una educación superior, donde la fe religiosa ha sido en gran medida “elegida”.

Sobre todo porque, según la teología de la Iglesia, todos los bautizados “están en igualdad antes de la Revelación, los obispos y los sacerdotes no son en principio más eruditos ni más cercanos a Dios que los laicos”. En estas condiciones, “la voz de todos los laicos bautizados, desde el momento en que intentan vivir el cristianismo, debería poder contar tanto como la de los clérigos”.

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