A la vera del Camino

09/04/2020

Es normal situar el siguiente pasaje del Evangelio (Jn 12:1-12) en estos días del entorno de la Semana Santa. En él se narra que Jesús está en casa de Marta, María y Lázaro; en un momento determinado María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume(3). Viene después “la queja crítica” de Judas sobre el despilfarro que supone ese gesto ¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?(5). No sé lo que supondría ahora al cambio, pero más o menos 2.000 €. Parece que Judas podría tener razón ante tamaño desperdicio de dinero. Sin embargo, Jesús le responde a Judas: Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura(7)porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis(8).

Y es que Jesús es perfecto hombre, y por tanto tenía sentimientos. Como cualquiera de nosotros, necesitaba cariño, sentir el cariño de las personas que amaba. Lo que hace María es derrochar cariño con Jesús. Jesús era grande, poderoso, misericordioso, pero como nosotros necesita cariño; la pregunta es muy sencilla ¿se lo muestras?.

08/04/2020

Días atrás os hablaba de la Semana del Amor. Un reflejo de ese amor que Dios nos tiene lo encontramos en un texto del profeta Isaías (cp 49) en la Misa de uno de estos días pasados: Escuchadme…, el Señor me llamó desde el vientre materno, de las entrañas de mi madre, y pronunció mi nombre(1). Antes de que naciésemos, el Señor nos puso nombre y nos llamó: Dios nos pone nombre lo que significa que somos suyos.

Más adelante añade, a modo de explicación, la finalidad de su decisión y los medios que pone a nuestro alcance para desarrollar la misión que nos tiene encomendada a cada uno: me formó desde el vientre como siervo suyo…, he sido glorificado a los ojos de Dios. Y mi Dios era mi fuerza(5)… Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra(6).

Quizá estas cosas las hemos pensado, meditado, o quizá no. Es buen momento detenernos en ellas y hablar con Dios de ellas. Dios nos quiere y nos da lo medios para ser en sus manos instrumentos de salvación en toda la tierra. ¿Qué puedo hacer por mi parte a la hora de cumplir esa misión? ¿Asustarnos? ¡No! porque Él está detrás de todo si nos ponemos en sus manos, y de igual forma nos cuida y protege en estos tiempos de pandemia.

07/04/2020

En el anterior escrito planteaba el ver a la Semana Santa como la Semana del Amor, porque al final lo que queda claro es que nuestro Padre Dios y su Hijo, nos han amado y nos aman. El Padre envía a su Hijo a la Tierra a morir por nosotros para rescatarnos de nuestros pecados, del original y de los que hemos cometido después. ¿Por qué? porque el Padre Dios es padre, y se compadeció para que la muerte por el pecado no fuera eterna para sus hijos los hombres. ¿Por qué?, pues… ¡porque nos quiere con locura, como un padre a su hijo!

Visto con los ojos de la cara, la vida de Cristo en la Tierra es un fracaso: las pasó canutas, y encima lo crucifican y lo matan. Sin embargo si lo miras con los ojos del espíritu es un triunfo completo porque al cumplir la voluntad de su Padre, nos rescata del pecado y nos abre las puertas del Cielo. Ese Cielo es el destino que Dios nos tiene preparado si le somos fieles. Para eso contamos con Su ayuda y la de su Madre.

06/04/2020

Un par de días atrás oí decir a un sacerdote que nuestro vivir cada día es una cuestión de Amor (con mayúscula, no amor con minúscula que es el amor humano), de Amor de Dios hacia nosotros. Me quedé pensativo, y el tema me vino después a la cabeza en varias ocasiones.

Hizo una breve exposición de la vida y los dichos (si es que se puede hablar así) de Jesús. Se refirió a su Encarnación, por Amor; a su vida en Nazareth, por Amor; de sus caminatas por Palestina, por Amor; de su cansancio, hambre, sed, etc. en sus desplazamientos, por Amor; de resucitar a la hija de la viuda de Naim y a Lázaro, por Amor; de curar enfermos, por Amor; de entregarnos su Cuerpo y Sangre en la Última Cena, por Amor; de padecer la Pasión, por Amor; de entregarnos a su Madre, por Amor; de morir crucificado en la Cruz, por Amor. Y siempre, por amor a nosotros porque nos quería y nos quiere y nos seguirá queriendo siempre aunque le demos la espalda, porque no se cansará jamás de querernos. Y concluía diciendo que la Semana Santa es la suma del Amor de Dios por los hombres; es como la Semana del Amor.

¡Qué afortunados somos! Pero de nuestra parte ¿qué? ¿Vale la pena recordar aquello de amor con amor se paga?¿a que sí?

05/04/2020

Hay un texto en la liturgia de la Misa que dice: “aunque siempre realizas la salvación de los hombres, ahora alegras a tu pueblo con mayor abundancia de gracia; mira propicio a tus elegidos, para que protejas con tu auxilio…”. Puede resultarnos llamativo que el texto diga que ahora alegras a tu pueblo con mayor abundancia de gracia, e incluso contradictorio con la situación de pandemia. No es así. ¿Por qué? pues porque la pandemia debiera hacernos reflexionar sobre cuáles eran, son, los motivos que nos mueven a vivir la vida; posiblemente sean salud, dinero y amor como decía la canción. Sin darnos cuenta, hemos dejado a Dios al margen, y este es un momento de gracia.

La abundancia de la gracia radica en que nuestro corazón se mueva, vuelva, hacia Dios Misericordioso, para ponerlo a Él, siempre, en el primer lugar de nuestra vida. Así se cumplirá lo que nos dice en otro lugar: mi morada estará también junto a ellos, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo (Ez 37:27). Vamos a procurar estar junto a Él en nuestra vida, porque nos quiere, nos entiende, nos comprende y busca lo mejor para cada uno y, como somos hijos de su bendita Madre María, Ella también nos protegerá.

04/04/2020

En la Santa Misa de hoy, hay un texto que dice así: Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza(2)Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte(3)Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos(4)Me cercaban olas mortales, torrentes destructores me aterraban(5)me envolvían las redes del abismo; me alcanzaban los lazos de la muerte(6)En el peligro invoqué al Señor, grité a mi Dios: desde su templo él escuchó mi voz, y mi grito llegó a sus oídos(7) (Sal 18:2-7).

El salmista parece que nos está hablado a nosotros que lo leemos y meditamos más de 23 siglos después de su escritura. La pandemia (el mal) que describe (olas mortales, torrentes destructoresredes del abismo, lazos de la muerte) está a nuestro alrededor. La reacción de quien se siente así es invoqué al Señor, grité a mi Dios…Él escuchó mi voz, y mi grito llegó a sus oídos.

Dios necesita escuchar nuestra voz, nuestra oración de petición, y que llegue a sus oídos. No lo olvidemos: los peligros que nos acechan son la muerte; nuestra voz al Señor son la Vida, la vida de Dios en nosotros. Fe y confianza porque Dios es un Padre Misericordioso que escucha y no abandona a sus hijos.

03/04/2020

Llevamos ya una temporada confinados, y esto se nos hace quizá un poco largo y tedioso, aburrido; es posible. Si fuese así, contando con la ayuda de nuestra Madre del Cielo y de su Hijo, hay que romper con ese estado anímico y poner los medios para salir de él.

Como tenemos tiempo en abundancia, lo fundamental es organizarnos el día. Al igual que lo hacemos en un día normal, lo importante es “tener cosas que hacer”. Pues eso: tener cosas que hacer, y como dentro de la casa las cosas por hacer se pueden agotar enseguida, quizá podemos dedicar más tiempo a Dios, a La Virgen; es decir a rezar más. Tener el día ocupado. Al mismo tiempo, esas cosas y rezos que nos cuesta hacer podemos ofrecerlas a nuestro Padre Dios para beneficio propio y de los demás, por personas y cosas concretas.

02/04/2020

Nuestra Cáritas de Milladoiro está trabajando a tope en estos momentos en los que se dejan ver las consecuencias económicas y sociales de la crisis. Para los demás es el momento de arrimar el hombro, y hay personas que lo están haciendo en la medida de sus posibilidades.

Y en otro orden de cosas, me ha llegado la noticia del número accesos a la web de la parroquia. En el mes de marzo lo hicieron 9.659, lo cual significa que la web está siendo muy útil a la comunidad porque en este mes las entradas se incrementaron en más de 5.600, gracias al esfuerzo de personas anónimas que trabajan para ella.

Con la solidaridad de todos saldremos adelante. Una buena receta para ser más solidarios puede ser que miremos no a los que están por encima sino a los que están detrás, es decir peor, y pensar ¿en mis circunstancias, qué puedo hacer en favor de los demás además de rezar?

01/04/2020

Recientemente se ha colgado en la web de la UP Milladoiro, en la Capilla Virtual-Testimonios de esperanza, un video. Es de “Andrés es un amigo de Alicante, que ha superado después de largas jornadas de aislamiento el contagio del Coronavirus. Nos transmite no solamente un mensaje de esperanza. Nos transmite una fuerza, su fuerza interior para que pensemos que es posible, y será posible el final de esta pandemia”. A esta persona se le puede aplicar aquello de espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor (Sal 27:14). Esperó en el Señor y… ¡se curó!

Ante la pandemia que tenemos, en nuestra conversación con Dios, en nuestra oración, nos puede ayudar mucho repetirle insistentemente aquello de Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti(2)no me escondas tu rostro el día de la desgracia. Inclina tu oído hacia mí; cuando te invoco, escúchame enseguida(3) (Sal 102:2-3). Y el Señor Misericordioso y su Madre bendita, Madre de la Misericordia, nos escucharán, nos darán la paz que necesitamos, y nos llevarán a salir del coronavirus.

31/03/2020

A veces podemos tener pensamientos, juicios, valoraciones un poco “afilados” hacia las personas, sean próximas o lejanas o incluso desconocidas. Es muy fácil que “etiquetemos” de forma consciente o inconsciente; es decir lo que en lenguaje normal se llama “colgar un sambenito a alguien”. Y si eso se divulga, ya estamos ante la difamación (quitar la buena fama a alguien) y la calumnia (afirmar algo de alguien que no ha hecho), es decir “los dimes y diretes”.

En la Biblia es muy conocido el pasaje de la mujer encontrada en adulterio que llevan ante Jesús (Jn 8:1-11) para que la condene. El Señor le pregunta ¿nadie te ha condenado?… pues Yo tampoco. Y eso que era un hecho cierto, palpable y evidente.

El Señor es misericordioso, nos acoge y nos perdona si nosotros queremos ser perdonados. Ese es el ejemplo a seguir. Seamos acogedores y misericordiosos como nos gustaría que fuesen con nosotros. Miremos con ternura a los demás, como Dios y nuestra Madre nos miran y acogen, lo que supone acoger de corazón a las personas tal y como son, no como nos gustaría que fuesen.

30/03/2020

Imagino que el pasado sábado a la noche más de uno recibió un “garrotazo” y pudo pensar: vaya, llevamos ya más de quince días confinados y con dificultades de movilidad, y ahora más aún porque la situación laboral y económica acentúa su empeoramiento. Esto me ha hecho recordar el pasaje del evangelio que trata de la muerte y resurrección de Lázaro (Jn 11:1-45), familia amiga del Señor.

Lázaro está enfermo. Las hermanas (Marta y María), avisan a Jesús para que vaya a salvarlo. Jesús, su amigo, se demora en acudir y cuando va Lázaro está ya muerto y enterrado. Humanamente, un desastre; y encima el amigo de confianza ha fallado porque se desentendió del aviso recibido. ¡Cuántas familias como la de Lázaro están así ante la pandemia del coronavirus!. El “garrotazo” de la noche del sábado recuerda el pasaje evangélico: rezando a nuestros santos, a Jesús, a la Virgen y parece que vamos a peor porque no nos hacen caso. Un autor dice: “¿Imaginas lo que debió pasar en el corazón de aquellas hermanas? ¿Qué sucede cuando rezas, y no hay respuesta; cuando sigues rezando, y no hay respuesta; cuando rezas aún más, y no hay respuesta?”.

Decía Benedicto XVI: “Al ver llorar a Marta y María y a cuantos habían acudido a consolarlas, también Jesús <<se conmovió profundamente, se turbó>> y, por último, <<lloró>> (Jn 11,33.35) El corazón de Cristo es divino-humano: en él Dios y hombre se encontraron perfectamente, sin separación y sin confusión. Él es la imagen, más aún, la encarnación de Dios, que es amor, misericordia, ternura paterna, del Dios que es Vida” (9.03.2008).

Hay y habrá respuesta a esta pandemia. Dios nos quiere y nos escucha, como quería y escuchó a Lázaro y a sus hermanas. Ellas pensaron que “su amigo pasó de ellas y de Lázaro”. No habían llegado todavía al momento de responder a la pregunta de Jesús ¿Crees esto? (Jn 11:26), es decir crees en mí (Jn 11:25). Una interpelación que Jesús nos hace en estas circunstancias y a la que debemos responder. Y Lázaro volvió a la vida.

29/03/2020

Este tiempo de confinamiento debido al coronavirus podemos aprovecharlo. Entre otras cosas, podemos leer La Biblia. En ella encontraremos muchas respuestas a nuestros interrogantes y dudas personales.

Se dice en estos días que cuando esta situación pase, lo que venga ya tendrá poco que ver con el pasado vivido; será algo nuevo porque muchas cosas cambiarán en la sociedad. El Señor nos lo dice a través del profeta Isaías: No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?(18) Abriré un camino en el desierto, corrientes en el yermo(19)Me glorificarán las bestias salvajes, chacales y avestruces, porque pondré agua en el desierto, corrientes en la estepa, para dar de beber a mi pueblo elegido(20)a este pueblo que me he formado para que proclame mi alabanza(21) (Is 43:18-21).

Nos habla de un tiempo nuevoA eso hemos de contribuir entre todos, la sociedad, la comunidad. Pero para que ese “colectivo social” cambie, hemos de cambiar individualmente cada uno en nuestras actitudes y comportamientos, aprendiendo del pasado y desterrando los egoísmos actuales. ¿Para qué?: el Señor lo dice con estas palabras para que proclame mi alabanza, para que todo ser que viva alabe al Señor (Sal 150:6). ¡Ánimo, pues Dios cuenta con cada uno de nosotros para cambiar al sociedad!.

28/03/2020

Todos probablemente recordemos el Arca de Noé (Gén 6-9). La Escritura cuenta que Dios (Yaveh) observó que los hombres se estaban multiplicando sobre la faz de la Tierra y la violencia y la maldad crecía en ellos, en contraposición a lo que Él había hecho con la creación que todo era bueno (Gén 1:31). Manda construir a Noé el arca y en ella entran sus familiares y varias parejas de animales para salvarlos del diluvio (más de 40 días lloviendo y unos 150 días flotando en las aguas que cubrió hasta las montañas más altas). Cuando todo termina, Dios dice a Noé y a sus hijos con él: «He aquí que yo establezco mi alianza con vosotros, y con vuestra futura descendencia(9), y con toda alma viviente que os acompaña(10) y me acordaré de la alianza que media entre yo y vosotros y toda alma viviente, toda carne, y no habrá más aguas diluviales para exterminar (15)” (Gén, 9: 9-10,15).

Obviamente la situación actual no es similar a lo que sucedió en tiempos de Noé, a pesar de los problemas y miedos que podamos tener cada uno. Hemos de recordar que Dios estableció una alianza, y que cumple sus promesas. Todo esto pasará, porque Dios nos quiere. Pero nuestros esfuerzos serían vanos si no van acompañados de una mejora personal en la relación con Dios y con los demás.

27/03/2020

A través de la Sagrada Escritura el Señor nos fue dando “pistas” de por dónde iba  su amor hacia nosotros y cómo los que nos antecedieron trataban a Dios: que se alegren los que buscan al Señor; recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro (Sal 104,3-4), y en otro lugar acuérdate de nosotros Señor con benevolencia para tu pueblo (Sal 105,1) y, finalmente, cómo Moisés la pedía a Dios que se sosiegue tu ira y perdona la maldad de tu pueblo (Ex 7:12).

Confianza y esperanza en nuestro Padre Dios. Evidentemente, alguna o algunas cosas no habremos hecho bien en el presente o en el pasado, pero Dios nos quiere y nos ama con locura, porque mis delicias es estar con los hijos de los hombres (Prov 8:31), y Él nos quiere felices porque en su presencia hay plenitud de alegría (Sal 16:11).

¡Ánimo! ¡A buscar en nuestra vida y quehacer diario la presencia de Dios! Él nos espera para hacernos felices, y confiar en Él en esta situación.

26/03/2020

Cuando uno está agobiado, preocupado, inquieto, y en este momento que el coronavirus se encarga de que estemos así, nuestro Padre Dios se encarga también de recordarnos cosas que nos enseñó y que quizá nosotros hemos olvidado. Pero Él no se olvida.

En un momento nos dice así a través de San Juan: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él”.

Y con anterioridad, unos 700 años antes de San Juan, por medio del profeta Isaías era todavía más rotundo: “¡Aclamad, cielos, y exulta, tierra! Prorrumpan los montes en gritos de alegría, pues Yahveh ha consolado a su pueblo, y de sus pobres se ha compadecido. Pero dice Sión: «Yahveh me ha abandonado, el Señor me ha olvidado.»  ¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido. Míralo, en las palmas de mis manos te tengo tatuada, tus muros están ante mí perpetuamente.”

¡Esperanza cristiana! ¡Dios está con nosotros y Su Madre también!, y ambos nos cuidan con todo su amor y cariño que es mucho más grande y poderoso que el nuestro.

25/03/2020

El agua es un tema recurrente en la Escritura y en la vida de la Iglesia. Por el agua (bautismo) somos hijos de Dios; del corazón de Cristo atravesado por la lanza en la Cruz salió sangre y agua; la Divina Misericordia está representada por un Cristo que de su corazón sale un rayo blanco (agua, para lavarnos) y otro rojo (sangre, el perdón para rescatarnos del pecado).

Hace mucho tiempo, unos 2.800 años, Dios nos habló por medio del Profeta Isaías diciendo “sedientos todos, acudid a por agua; también los que tenéis dinero, venid y bebed con alegría” (Is 55,1). El Señor alude a cosas materiales (sedientos de agua, poseedores de dinero), pero a todos los llama “sedientos”, es decir “necesitados”. En este tiempo del coronavirus, todos nosotros ricos o pobres estamos necesitados de ayuda, de esperanza, de misericordia frente a esta pandemia. El Señor nos la ofrece cuando dice: “acudid” a beber de la Misericordia de Dios. Venga: ¡acudamos a la Misericordia divina!.

24/03/2020

Leía hace unos días el titular de una noticia; decía así: “Esperanza cristiana en las epidemias: «María, Salud de los Enfermos»” y me ha parecido muy oportuno traerlo para que tengáis muy presentes que nunca estamos solos. Nuestra Madre nos acompaña siempre si no la dejamos.

Leí unas palabras dichas por el Papa Benedicto XVI en 2008 que también dan mucho ánimo y esperanza: “Ante el hombre marcado por la limitación y el sufrimiento, Jesús no piensa en posibles culpas, sino en la voluntad de Dios que ha creado al hombre para la vida”. Esperanza y confianza. La situación es difícil, pero Dios nos quiere, nos ama con su inmenso corazón misericordioso.

23/03/2020

Hay un texto en la liturgia de estos días pasados que dice así: Dice el Señor: Yo soy la salvación del pueblo; si me invoca en la tribulación Yo lo escucharé y seré siempre su Señor. Está redactado a partir de lo que manifestó un profeta (cfr. Jer 7:23).

El Señor dijo eso muchos años antes del envío de su Hijo Jesús a nuestra tierra. Desde entonces, esta tierra ha experimentado un sinfín de calamidades y ha salido adelante. ¿Por qué? Porque el pueblo le invocó y Él lo escuchó. Ahora, con el coronavirus y sus “acompañantes sociales y económicos” sucederá igual. Confianza en Dios porque Él será siempre nuestro Señor, nuestro Padre amoroso, nuestra salvación.

Para ello, lo único que nos pide Dios es que le invoquemos en la tribulación. No nos pide mucho. Sí nos pide que tengamos la actitud humilde y confiada de pedirle ayuda, y eso depende de cada uno de nosotros.

El Señor nos dice que Él es la salvación del pueblo. El pueblo somos todos, el conjunto, la comunidad. Lógicamente pediremos por cada uno de nosotros, por nuestra familia, pero sobre todo hemos de pedir por todos los demás y, especialmente, por aquellos que arriesgan su salud, su vida con generosidad por el bien de todos, y por los que no tienen que pidan por ellos. Venzamos nuestros egoísmos y pensemos en los demás sin olvidar sus necesidades espirituales y materiales o económicas: muchos pasan hambre.

22/03/2020

El “rebote” de Naamán. Fue un general asirio que tenía la enfermedad de la lepra. Una sirvienta le aconsejó ir a Israel, al profeta Eliseo para que lo curase. Allá fue. Eliseo lo mandó lavarse siete veces en el río Jordán. Y Naamán pilló un “rebote” tremendo por dos cosas: 1) porque el Profeta no había salido a recibirle; y 2) porque en su país había ríos más importantes que el Jordán y podía haberse lavado allí y evitarse el viaje.
Puede sucedernos a nosotros algo semejante.
Probablemente cogemos “rebotes” cuando nos creemos despreciados, humillados, no valorados en nuestro modo de ser o en nuestras opiniones. Y en este tiempo más aún, porque podemos creernos “superiores al coronavirus” y no guardar las medidas de prudencia que nos aconsejan. Y también puede haber “rebotes en nuestra conciencia”, es decir soberbia en nuestro corazón.
Te animo a localizar “tus rebotes” personales y hacia los demás para rectificar.

20/03/2020

Ayer recordábamos la vida de San José. Es fácil pensar que no fue fácil. Tuvo que ir aprendiendo a descubrir y seguir los caminos que Dios le ponía delante. Tenía una buena maestra: La Virgen, porque María guardaba todas estas cosas en su corazón (Lc 12: 19) y, lógicamente, las meditaba en la presencia de Dios.

Por eso lo mejor es que descubramos que nuestro camino es confiar y caminar por los senderos de Señor teniéndolo presente cada día para llenar nuestra confianza y Esperanza en Él. Son tiempos para tener en el corazón al Señor para que no sucumbamos a la Desesperanza, como nunca desesperó a San José.

19/03/2020

Lo más importante a tener en cuenta es que Dios es nuestro Padre; un Padre amoroso; nos quiere con locura; y no abandona nunca a sus hijos, aunque seamos un desastre.

Aprovecha la circunstancia y no dejes de “importunarle” en todos los momentos del día y de la anoche: insiste con oportunidad y sin ella (2 Tim 4:2). Él siempre te escucha.