A propósito del Bautismo” por Alfonso Novo 2018-03-10T18:21:27+00:00

A PROPÓSITO DEL BAUTISMO por Alfonso Novo

 

Alfonso Novo
Alfonso NovoSecretario General del Sínodo
Santiago de Compostela

 

El bautismo es el sacramento que nos incorpora a la Iglesia y nos reconoce como hijos de Dios. No es, con todo, el primer vínculo que nos une a la Iglesia. Los adultos que se preparan a recibirlo ya forman parte de ella, si bien no plenamente, a través del catecumenado. Los niños nacidos en el seno de una familia cristiana que aún no han alcanzado el uso de razón (infantes), tampoco son ajenos a la Iglesia, pues, al formar parte de la pequeña familia de sus padres (o quienes representan sus funciones), están también relacionados con la gran familia cristiana.

El bautismo forma parte del proceso de la iniciación cristiana, esto es, la inserción de un candidato en el misterio de Cristo, muerto y resucitado, y en la Iglesia por medio de la fe y de los sacramentos. Aun subrayando la importancia del bautismo, conviene recordar que éste no es ni el primer momento ni el último de la iniciación. Debe ser precedido por un periodo de preparación, que, en el caso de los infantes, han de recibir los padres o los responsables de la formación cristiana del niño. Y ha de ser continuado por catequesis posteriores y por la recepción de los sacramentos (confirmación y eucaristía). Y todo ello orientado a la vida cristiana en todos sus aspectos (comunión, caridad, sacramentos…).

En la Iglesia de los primeros siglos, los que se preparaban para recibir el bautismo (catecúmenos) sólo participaban en la primera parte de la eucaristía, para escuchar la palabra de Dios y la predicación eclesial; pero antes de que comenzase la liturgia del sacrificio eucarístico se les invitaba a abandonar la celebración, pues se consideraba que sólo los que ya habían sido iniciados podían contemplar el misterio más importante de la fe cristiana.

El bautismo tenía lugar normalmente fuera de la Iglesia, y, una vez bautizados, eran introducidos por primera vez en la liturgia eucarística, después de haber sido acogidos por el obispo mediante la confirmación. De este modo, por primera vez también recibían el cuerpo de Cristo en medio de la asamblea. Así, el sacramento del bautismo mostraba su orientación hacia la plenitud del misterio cristiano dentro de la comunidad.

Con el tiempo, esta vinculación ritual entre los dos sacramentos se fue perdiendo con frecuencia, aunque se ha mantenido en el bautismo de adultos, realizado preferentemente en la Vigilia Pascual, y mostrando así que el bautismo no es una celebración privada sino que incorpora a una Iglesia que vive y celebra su fe como cuerpo de Cristo, familia de los hijos de Dios y templo del Espíritu Santo.

El ritual actual del bautismo sugiere que “el domingo puede celebrarse el Bau­tismo dentro de la Misa, para que sea posible la asistencia de toda la comuni­dad y se manifieste más claramente la relación del Bautismo con la Eucaristía.” Nótese que se trata de la celebración del bautismo en la misa dominical en que participa toda la comunidad. No está prevista la celebración de una misa específica para el bautismo.

Aunque dicho ritual recomienda que eso no se haga con excesiva frecuencia, nuestra diócesis lo aconseja en su Directorio Diocesano de los Sacramentos de la Iniciación Cristiana, cuando propone que se celebre el bautismo, además de durante la Vigilia Pascual, según la antigua tradición, en los domingos durante la celebración de la eucaristía o en alguna fiesta significativa para la comunidad parroquial. Una celebración sin comunidad debe considerarse siempre excepción. Esto último es también subrayado por el último Sínodo Diocesano (2016-2017): “Mediante el bautismo la Iglesia acoge a un nuevo miembro. Es, por tanto, un sacramento de toda la comunidad cristiana, y conviene que eso también se manifieste en su modo de celebrarse.”

Respecto al tiempo en que ha de celebrarse, estipula el Sínodo: “el día apropiado y significativo para bautizar a los párvulos es la Vigilia Pascual, y también los domingos de Pascua, la Fiesta del Bautismo del Señor o la Solemnidad de la Santísima Trinidad; son días propios cualquier domingo o la tarde del sábado, que ya participa de la liturgia del domingo, pascua semanal. No es conveniente celebrar los bautizos durante la Cuaresma, para que se perciba con mayor fuerza la incorporación de los bautizados al Misterio Pascual.” Ya el Directorio Diocesano había aclarado que “no conviene celebrar este sacramento en tiempo de cuaresma; si hubiese algún motivo de urgencia hágase con la debida austeridad”.

No está prevista, por tanto, la celebración de una eucaristía adicional para acompañar el bautismo, sino todo lo contrario: el bautismo dentro de la misa dominical en que participa toda la comunidad cristiana. Podría parecer que es lo mismo pero no lo es. En el primer caso, la misa parecería como una especie de añadido al bautismo, invirtiendo la orientación natural de los sacramentos. En efecto, el bautismo se ordena, como hemos visto, a la eucaristía. Celebrar una misa con motivo del bautismo invierte el orden de prioridades, pues daría a entender que la eucaristía está ordenada al bautismo.

En cuanto al lugar en que debe celebrarse, el Directorio Diocesano establece lo siguiente:

“Los sacerdotes y los agentes de pastoral ayudarán y orientarán a los padres… a hacerlo en la parroquia propia y en una celebración comunitaria. Ésta ha de ser la norma general para nuestra diócesis.

Para aceptar en una iglesia parroquial el bautismo de un feligrés de otra parroquia se requieren las siguientes condiciones:

-que los que piden el bautismo tengan relación habitual con la parroquia donde realizan la petición (o que se trate de una parroquia a la que la familia se siente especialmente vinculada por razones religiosas o familiares dignas de consideración);

-que cuenten con la autorización escrita del párroco propio, signo de colaboración y expresión viva de la comunión eclesial”.

En todo caso, sea en la parroquia propia o en aquella en la que se ha de celebrar el sacramento, los padres o responsables del niño deben participar en las catequesis preparatorias.

El Sínodo Diocesano, teniendo en cuenta las circunstancias actuales de movilidad, amplía el concepto de “parroquia propia” cuando dice: “el lugar propio para recibir el catecumenado o la catequesis y los sacramentos de iniciación es la parroquia o unidad pastoral propia, en el caso del adulto, o la propia de los padres, en el caso de los niños. Teniendo en cuenta las circunstancias de mayor movilidad que se dan hoy en día, así como las diversas situaciones familiares, se puede considerar, a título práctico, que son parroquias propias no sólo la de residencia habitual, sino también aquellas donde se vive y celebra la fe habitualmente, sobre todo los domingos.”

Una última reflexión. La vinculación a la Iglesia se manifiesta mediante la inserción en la vida comunitaria y sacramental, pero también en la aceptación y acatamiento de sus criterios pastorales y de las normas orientadas a aplicarlos. No puede confundirse con la amistad con los curas o el compadreo en busca de privilegios o tratos de favor. Al contrario, quien de verdad se siente Iglesia ha de intentar comprender las razones de por qué actúa así, aunque no encaje con sus intereses particulares o sus caprichos.

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